“Puto” comercial de gas … ¡perdón! (*)

Perdónenme si con esta entrada alguien se siente ofendido y en especial si pertenece al gremio de comerciales de servicios de venta por teléfono, que doy por hecho que ya deben tener suficientes problemas para llegar a fin de mes y tener que aguantar también a gente como yo. Lo digo más que nada por su título que solo pretende ser un “anzuelo” para atraer más lectores, aunque también sois protagonistas de la siguiente reflexión. Vaya por delante que no me considero en absoluto un “talibán idiomático” que crea que en Cataluña todo tiene que ser en catalán y se tenga que arrinconar el castellano hasta anularlo (de hecho, supongo que esto tampoco está en el pensamiento de toda esa gente que siendo muy catalanista y/o independentista, conserve un poco de sentido común). Pero es obvio también que no tendríamos que ir al otro extremo y retroceder en los progresos que en las últimas décadas, y con muchas dificultades políticas, judiciales y mediáticas, se han conseguido para hacer del catalán un idioma de un uso más o menos “normal” en unos cuantos ámbitos de nuestra vida cotidiana (si bien en otros aun queda un largo recorrido). En otras palabras, y si sirve de modelo, en casa nuestro hijo ve por televisión dibujos animados en catalán (canal Súper 3) y castellano (canales Boing y Clan), y es también un acérrimo seguidor del programa “Masterchef” (también en castellano). Y ahora en vacaciones hace cuadernos de repaso que están escritos en ambos idiomas, sin que él se dé cuenta y con total normalidad. Como creemos que tiene que ser: educarlo en una única lengua es un gran error puesto que la realidad en la que vive es bilingüe (eps! no limito la educación solo al ámbito estrictamente escolar) y estamos convencidos de que cuando acabe la etapa de escolarización obligatoria, dominará tan bien (o mal) el catalán y el castellano.

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No obstante, reconocer un hecho más que obvio como es el bilingüismo en nuestro país no significa que aquellos que queremos una presencia más fuerte del catalán tengamos que bajarnos los pantalones en ciertas situaciones. Y es que cuando una de las lenguas está más presente que la otra, a menudo ésta es la que acaba por ser arrinconada: ¿quien de nosotros no ha cambiado de registro (de catalán a castellano) cuando una persona se le dirige de entrada en castellano, y sin preguntar si la conversación puede continuar después en catalán? En este sentido, el primer párrafo de este artículo de opinión publicado en el digital El Huffington Post es un buen reflejo, mientras que gran parte del resto del texto se dedica a recuperar lo que dijo Carolina Punset sobre el valenciano y el famoso “aldeano” (y que aquí también se comentó) o si lo prefieren, un idioma de primera (el más “útil”) y otro de segunda (el “entrañable”). Siguiendo el tema del artículo, y con relación al título de esta entrada, no creo que sea yo el único que alguna vez se haya encontrado en una situación parecida: 1) que llamen por teléfono preguntado por el titular del servicio (gas, luz, telefonía, seguros, etc.); 2) contestar en catalán porqué es tu lengua materna; 3) que te digan si puedes hablar en castellano; 4) que tu preguntes si saben que están llamando a Cataluña, un territorio donde también se habla catalán; 5) que insistan en el castellano; 6) que tú también insistas en el catalán y pidas si se puede poner alguien con el que conversar en este idioma; 7) y por último, que la conversación acabe porqué te cuelguen (con buenas o malas maneras) o que lo hagas tú directamente porqué lo que te ofrecen no te interese o por esta cuestión idiomática (que tampoco tendría que ser menor para la empresa desde un punto de vista comercial).

Sea como sea, si bien las aptitudes lingüísticas hacia el catalán han mejorado (en comprensión y capacidad de hablarlo), sigue siendo un idioma que parece haberse estancado en lo que se refiere a su uso social, por lo que en este sentido podría confirmarse una cierta involución (este enlace lo explica de forma más detallada). De hecho, haced el experimento y comprobaréis que en Cataluña se puede vivir sabiendo solo el castellano y que el modelo de sociedad bilingüe tan solo puede garantizarse gracias a las familias catalanohablantes (artículo). En otras palabras, si con una lengua puedo hacer una vida normal, ¿por qué perder el tiempo en aprender dos? Aun así, siempre hay visiones más catastrofistas del tema como la de este ejemplo, con un título aun más provocador que el de esta entrada: “El bilingüisme mata“.

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El bilingüismo mal entendido puede conducir a un retroceso de la lengua que esté en una situación de inferioridad que, en Cataluña, ya sabemos cuál es, aunque haya gente que se empecine en creer que es la otra. Por eso no puedo dejar de pensar que existe mucha gente que piense que los que hablamos catalán, y nos obstinemos en ello, lo hacemos simplemente para tocar los huevos (**) al resto de la gente que no lo sabe, sin ni siquiera plantearse que lo hacemos con la misma naturalidad que ellos hablan castellano, es decir, porqué guste o no, sigue siendo la lengua materna de mucha gente, como el castellano lo es también de mucha más. Pero es que además lo hacemos también por un sentido reivindicativo: si a las primeras de cambio dejásemos de hablarlo para que otros nos entiendan, ¿quien no nos dice que seguiríamos haciendo lo mismo más adelante? Esta actitud no “incentivaría” a nuestro interlocutor a aprender catalán porqué salvo que sea una persona sensible hacia este tipo de cuestiones, ¿por que coño (**) tendría que hacer el esfuerzo? Al fin y al cabo, si se tiene una pizca de cultura, esta persona pronto se daría cuenta de que el catalán no es muy diferente del castellano, en tanto que comparten un mismo tronco latín, lo que facilita el aprendizaje de aquella, ni que sea a un nivel básico.

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En el fondo creo que toda esa gente que muestra un actitud beligerante hacia el catalán y el hecho de que en Cataluña alguna vez pueda llegar a estar en un plano de igualdad con el castellano, quiere que se ponga en práctica lo mismo que están criticando, un proceso de inmersión lingüística pero en esta otra lengua. Y por supuesto, saber un idioma (solo castellano) es un ejemplo de ser un ciudadano de mundo y en cambio, dominar dos como es normal en un territorio bilingüe es ejemplo de ser “de pueblo”, “de aldea”. Por eso cuando veo mensajes como éste que os reproduzco de la conocida periodista Isabel San Sebastián (y que encontré en este blog), pienso que personas muy formadas son, a la vez, muy cortas de miras y que cuando sale el tema de Cataluña se dejan llevar por sus más bajos instintos, que en este caso se traducen en buenos ejemplos de catalanofobia (caso de Iniesta y el de la youtuber Mel Domínguez). No me he entretenido a mirar con detalle la lista de personas a las que sigue esta mujer a través de su cuenta de Twitter, que a día de hoy son 563 (muy pocas en comparación con el número de seguidores que tiene, rozando los 61.800), pero después de un vistazo he visto que sigue personas e instituciones que no escriben en castellano como la BBC Breaking NewsFrance InfoAbdurahman HarkoushJean-Charles BrisardMotivational Quotes, etc. Por lo tanto, habrá que deducir que nuestra apreciada Isabel se defiende en otros idiomas (p. ej. inglés y francés), cosa que debe ser muy lógica en su profesión. Entonces, ¿por qué esta fobia hacia los mensajes en catalán? como no me trago que sea por una falta de capacidad para entenderlo habrá que dar entrada a otros motivos … ¿quizás ideológicos? Y quien sabe si esta animadversión hacia Cataluña se ha convertido ya en un sentimiento popular mucho más extendido, aunque nadie lo reconozca abiertamente (es como lo que dijo quien fuera presidente del Real Madrid y que da nombre al estadio de fútbol, Santiago Bernabeu).

Así pues, y relacionando esto con lo dicho antes del bilingüismo mal entendido, ¿un periodista no podría twittear en catalán porqué como se supone que también domina el castellano tendría que hacerlo en este idioma para que otra gente (que no sabe catalán) pueda seguirlo? Por supuesto que uno puede escribir sus mensajes en el idioma que estime más oportuno, siendo consciente en este caso de que si lo hace en catalán lo más probable es que tenga menos seguidores que si lo hiciese en castellano (por una sencilla cuestión de número de hablantes de uno y otro idioma). Pero quizás también tendremos que aceptar que uno prefiera hacerlo en catalán porqué ésta sea su lengua materna, con la misma naturalidad que la Isabel lo hace en castellano (que deduzco debe de ser también la lengua con la que creció a pesar de su ascendencia vasca). En el fondo, su actitud en escribir este mensaje en su Twitter -que no es reciente- demostraría la incomprensión que en este país muchas personas que han crecido en un ambiente monolingüe tienen hacia una realidad en la que dos lenguas conviven con una cierta normalidad. Hay que recordar que salvo situaciones puntuales, los supuestos conflictos lingüísticos en Cataluña solo están en la mente de determinadas personas y que son azuzados por ciertos partidos políticos y entidades “cívicas” movidos por intereses ideológicos, cuando no puramente electoralistas. Ahora me viene a la mente una de las numerosas tonterías del dramaturgo “autoexiliado” en Madrid y de origen catalán (¡que cruz tiene que ser esto para él!), Albert Boadella, cuando dijo aquello de que sin el catalán hubiéramos sido más felices. Claro que con los compañeros de viaje que tiene (Esperanza Aguirre, Jiménez Losantos, Xavier Pericay, Felix de Azúa, Arcadi Espada y otros) quizás sí que conseguirá salirse con la suya y el catalán acabará siendo una lengua “entrañable” y nada más. 

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En definitiva, acabo aquí reivindicando un bilingüismo en el que el catalán sea un idioma en plena igualdad con el castellano en todos los ámbitos de la vida cotidiana, y a la vez recomendando al sucesor del antiguo ministro Wert, el señor Íñigo Méndez de Vigo, que en vez de querer “españolizar a los alumnos catalanes” lo haga con los de otras comunidades autónomas como por ejemplo, y sin querer ofender a nadie, Murcia y Andalucía: y es que haciendo zapping hace un par de días sintonicé con unos cuantos reportajes del programa “Callejeros” sobre la diversión nocturna del todo desfasada de jóvenes (alcohol, drogas y de todo) en diferentes rincones del país; pues bien, os aseguro que cuando hablaba un andaluz o murciano tenía que poner la oreja y subir el volumen del televisor para entender lo que decía, ya que de cada dos palabras una se me “escapaba” … ¡y eso estando sobrios! Sea como sea, cuando me telefoneen por si quiero cambiar de compañía de suministro de gas, luz o acogerme a una oferta despampanante de telefonía, continuaré hablando en catalán y si mi interlocutor no es capaz de entenderme tendremos que dejarlo, eso sí, muy amablemente. En absoluto me sentiré culpable y si acaso la culpa será de la compañía que me ha llamado por su falta de sensibilidad lingüística.

Por cierto, cuando hablo de bilingüismo no me estoy refiriendo a esto:

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Eps, última hora: redactando esta entrada leo esta noticia del digital Vilaweb.cat. Si la situación es un poco complicada en Cataluña, más allá del río Sènia parece que es dramática y desde aquí uno tiene la sensación de que después de tantos años de gobierno del Partido Popular, se ha hecho realidad la peor de las predicciones posibles: arrinconar el valenciano (o catalán) que tanto dicen defender algunos políticos, precisamente aquellos que como mínimo en actos públicos no lo utilizan; y es que yo no he oído nunca a la Sra. Barberà o a los antiguos presidentes Francisco Camps y Alberto Fabra hablar en valenciano. Claro que sin percatarse de ello deben estar siguiendo los postulados de Carolina Punset (de C’s). Pero en este tema, ser de un partido u otro no marca ninguna diferencia, es aquello de los vasos comunicantes.

(*). Traducción al castellano de la misma entrada redactada en catalán: si alguien quiere perder el tiempo en comparar una y otra podrá comprobar que no hay muchas diferencias entre ambos idiomas, o en otras palabras, el catalán no es tan diferente del castellano como lo pueda ser el finés, farsi, xhosa, kakardiano, afrikaans o sin ir más lejos, el euskera (que lo tenemos aquí cerquita). Por otro lado, pido disculpas por si se me ha pasado por alto alguna falta de ortografía, sintáctica o cometido la “herejía” de intercalar alguna “catalanada”, y es que teniendo el catalán como idioma habitual de comunicación es normal que esto suceda, aunque escritos como éste me van bien para “refrescar” el castellano.

(**). Siempre he pensado que este tipo de expresiones en castellano suenan de forma más rotunda que en catalán. Si lo prefieren podemos cambiar lo de “tocar los huevos” por las narices y el “¿por qué coño …?” por “¿para qué demonios …?” Es cuestión de matices.

Actualización (26 de agosto): ¿quién dice que en territorios con una co-oficialidad de lenguas uno puede hablar la materna? Aquí tenéis dos ejemplos de situaciones reales que se han producido hace poco en la isla de Menorca (Cris Juanico y Carles Rabassa). Ya lo dijo el gili****** del periodista Eduardo Inda, con motivo de la polémica de quien fuera entrenador del club de fútbol del Eibar hasta la temporada pasada, Gaizka Garitano, que a veces hablar la lengua materna era una falta de educación.

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Filed under Castellà, Reflexió

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